Botar la bandera arcoíris

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Botar la bandera arcoíris

Una bandera representando el cadáver ahorcado de un muchacho de trece años explica la experiencia de ser gay mejor que un arco iris; esa imagen nítidamente personifica el oido, las bromas, y la vergüenza de ser un persona indeseada y sin valor. En la actualidad los ejemplos falaces de familias aceptadoras se multiplican en los artículos más cliqueados en los medios del internet, pero estimo que mi historia, y las muchísimas otras similares, son más típicas. Mis padres me criaron con la trinidad de Rush Limbaugh, Sean Hanity, y Laura Schlessinger – anfitriones radiales derechistas con audiencias de millones en los estadios unidos. Me contaron todo acerca del “error biológico[1]” que es el homosexual – la perversidad de él, la aberración de ella, y sus enfermedades repugnantes – y la necesidad de un tratamiento eficaz. Años después, cuando mi tío nos condujo a una fiesta familiar, se me sugirió el tratamiento indirectamente por comentar acerca de “los pedazos de maricón que encontraron en el basurero.” No capturaron al asesino, pero “a nadie le importa,” pues “ya están limpiando la ciudad.” Desde luego, hay muchas otras historias, por ejemplo el doctor que me preguntó si había tenido sexo “heterosexual u homosexual,” y repitió la pregunta dos veces más después de mi contestación, y al encontrarse exasperado, definió sus términos sencillamente. Una vez que se dio cuenta que entendí – salió instantáneamente del cuarto. Largo rato después, volvió el médico y se me dio una examinación fría y breve, antes de echarme del consultorio. Tal vez tenía miedo del SIDA, o mi presencia le dio asco y nada más. El arco iris no encarna estos tipos de experiencias, pero un cadáver ahorcado si. El suicido va al fondo de la causa de los gays y la razón por la existencia del grupo en sí: porque nadie nos quiere.

La bandera arcoíris originalmente simbolizó las varias sexualidades indeseables, pero hoy en día su aplicación se ha profundizado hasta la mera vanidad. Hasta el “aliado hétero,” un ser angélico de mente abierta que se diga a darse la mano y tocar la carne infestada y enferma de nosotros, ya puede ocuparla. Pero esto no debe ser. El club de los gays tal vez será uno de los raros, los pervertidos, y los aún más peores – pero es un club en donde la membresía se compre con el sufrimiento. Y al menos para mí, una vez que uno compre algo a costo de sangre y lagrimas, uno no estará dispuesto a venderlo de nuevo por la sonrisa, la lástima, o la vista gorda de un desconocido – y mucho menos por convertirse en una muestra de su bondad. Como todos los animales, los humanos obran por su propio beneficio, y el fenómeno del aliado hetero no es nada diferente; la tendencia es aparentarse tolerante, pero en realidad no hay ningún hetero cuerdo que vea a los mariconcitos y las lesbianas como iguales. Tomemos Jonah Hill, Barak Obama, o El Papa por ejemplo – para ellos somos blancos para mostrar su liberalidad, pero por debajo de la superficie, son la misma gente que nos ríen, quiénes no convierten en sus bromas y chistes, quiénes tienen vergüenza de sus maricones enclositados; la misma gente tan segura de su superioridad y valía. La gente no cambian.

Si la bandera arcoíris se transformó en un regalito de fiestas, la fiesta será bastante irónica y mórbida. El alcoholismo[2], la indigencia[3], la transmisión creciente de VIH[4], la adicción[5], la pobreza[6], y el suicidio[7] son los resultados más comunes de ser gay que convertirse en el ayudante de shopping de alguna mujer hetera. Inconmensurable en estas descripciones cuantitativas de la vida LGBT son las miradas avergonzadas de la gente que alguna vez te amaron y ya te desprecian, los sentimientos de vacío a entenderse como marginal, y la futilidad de una vida que ya es de nada. Se me recuerda de un conocido, en sus años treinta y soltero, el cual se encontraron apuñalado hasta la muerte en el pozo de escalera en un edificio en Chile dónde vivimos como vecinos – una víctima más del infierno anárquico producido cuando en la vida gay los marginados cazan a los otros marginados. Teniendo esto en cuenta, la bandera arcoíris y la palabra “gay” (que significaba “feliz” originalmente en inglés) son, por lo tanto, parodias.

Muchos homosexuales no estarán de acuerdo con mi punto de vista. Algunos ofrecerán las sonrisas trémulas de familiares como talismanes débiles de su respeto. Perdónenme sí lo dudo. Otros procuran descartar su ropa de mendigo y mezclarse con heteros, imaginándose que ya son algo mas que un chiste humano. Perdónenme sí yo me río. En esta vida nos definimos y somos definidos por otros – y aunque tal vez será posible escaparse de sus propios etiquetas – uno nunca podrá escapar las etiquetas de los demás. Para el homosexual hay solamente dos etapas en la vida: el tiempo antes de que todo el mundo sabe que eres, y después – esto es inalterable y no puede ser cambiando por rogar el amor o la aprobación. Uno es lo que es, y eso es algo menos. Un símbolo como para presidir tal gente, un grupo que se destruyen y son destruidos por otros en tantos modos diversos, es difícil de escoger, pero si lo tuviese que elegir – ese símbolo no será la bandera arcoíris.

Referencias

Centers for Disease Control [CDC]. (2014a). LGBT youth. Retrieved from http://www.cdc.gov/lgbthealth/youth.htm

CDC. (2014b). HIV among gay and bisexual men. Retrieved from http://www.cdc.gov/hiv/risk/gender/msm/

Dermody, S. S., Marshal, M. P., Cheong, J-W., Burton, C., Hughes, T., Aranda, F., & Friedman, M. S. (2013). Longitudinal disparities of hazardous drinking between sexual minority and heterosexual individuals from adolescence to young adulthood. Journal of Youth and Adolescence, 43(30), 30-39. doi:10.1007/s10964-013-9905-9

Marikar, S. (2010). Critics: Dr. Laura’s rant reiterates n-word is never OK. ABC News. Retrieved from http://abcnews.go.com/Entertainment/dr-laura-schlessinger-slammed-word-laced-rant/story?id=11394378

Paul, J. P., Catania, J., Pollack, L., Moskowitz, J., Canchola, J., Mills, T., … Stall, R. (2002). Suicide attempts among gay and bisexual men: Lifetime prevalence and antecedents. American Journal of Public Health, 92(8), 1338-1345.

Sears, B., & Badgett, L. (2012). Beyond Stereotypes: Poverty in the LGBT Community. The Williams Institute. Retrieved from http://williamsinstitute.law.ucla.edu/headlines/beyond-stereotypes-poverty-in-the-lgbt-community/

[1] (Marikar, 2010)

[2] (Dermody et al., 2014)

[3] (Centers for Disease Control [CDC], 2014a)

[4] (CDC, 2014b)

[5] (CDC, 2014a)

[6] (Sears & Badgett, 2012)

[7] (CDC 2014a; Paul et al., 2002)

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