The Mission

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To see and be all things in our exploding, aging, collapsing, kaleidoscope lives – before flowers or lettuce wilt, our batteries die down, overcharged with childhood, office politics, the womb, a father’s silence, failed loves, and overdue bills.

No!

Better to make bold claims – wandering the streets of Babylon or Brooklyn, climbing tall Chinese steps carved into high hills full of glyphs (followed by hungry dogs), stealing every stone before night falls.

The goal here remains to be a roving eye, at all hours, traipsing the wondrous world where the most beautiful person ever born seen might be seen – every day – like a private angel, winking.

It is not evil to live.

And night waits, full of crazy stars – boozy dreamers – each and every one ready to be embraced like a queen. Their arms are golden, bodies’ soft and warm, eyes full of memories and wants, reflecting.

Every single one of these magical pieces – old ticket stubs, disconnected phone numbers, portraits of unknown people, letters from the dead, beloved pebbles, tears – must be found and re-found nightly. Every single one of these magical pieces must be attached to the brain, ground up, digested, smoked, snorted, injected.

But hasn’t anyone ever told you, sir? Or did you drink the wine of lies? I’ll help: just say the wedding gown fell off and the house of the bride-grown burnt down – or just say you disappeared to Brazil to learn the language of the birds because it is beautiful.

Let us…

Let us lose ourselves looking for secret rooms, forgotten windows, and abandoned stone towers standing over streams of clear water.

Let us climb the forgotten monuments to dead heroes, spying the hidden houses built atop tall buildings that no one can see.

Let us wander the woods like sacred minstrels – reading the texts of tombstones scattered over the lonely green hills.

Let us fly.

Like sails, we can unfurl ourselves – and pushed forward by the pressure of the wind, and the influence of the sun, the stars, the moon, the invisible alchemy – we fly!

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Eunucos en pos de sus picos: el movimiento gay en las Américas

Eunucos en pos de sus picos: el movimiento gay en las Américas

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Tras conversar con muchas personas involucradas con la lucha por los derechos civiles o el matrimonio homosexual en los Estados Unidos y en Chile (o al menos conocer a personas involucradas), percibí unas diferencias esenciales en los dos campos, las cuales siendo la forma de presentar la comunidad gay y posiblemente las metas de la lucha en sí.

Esencialmente la lucha norteamericana se predica en presentar la persona, el cuerpo, y la vida de los homosexuales como lo normal, lo cotidiano, y  lo normativo. Los homosexuales, según la propaganda de los medios enfocados en el matrimonio gay estadounidense (hablo especialmente de grupos como la Campaña de Derechos Humanos – en inglés HRC) son “gente como uno” hasta que se convierten en la caricatura irreconocible. Según la propaganda, no existen diferencias de  punto de vista, anhelos personales, experiencia del sexo, o mundo social entre los homosexuales y heterosexuales.  En la narrativa de ellos, la sexualidad es divorciada de la persona y el cuerpo del homosexual.  La campaña “igual” con el famoso símbolo ubicuo “=”,  ejemplifica esta tendencia de convertir los homosexuales de verdad en monitos caricaturescos de plástico, con los actores representando gays siendo los hombres muy hombres, y las mujeres muy mujeres. Son gente como “nosotros”.

Además en representaciones positivas de televisión, los gays también son gays eunucos. Hay poco relacionado con deseos sexuales en sus vidas. Nunca tienen sexo al azar. Nunca experimentan con nuevas formas de sexo. Nunca sienten nada de deseos para la gente que les rodean, ni envidia por el prestigio inmérito heterosexual. En resumen, en  la imagen “positiva” de los homosexuales norteamericanos, se quita el sexo, se quita la personalidad, se quita la sociedad y el ámbito real de ser gay y conocerse con otros gays, y se quita la ira que muchos tienen, abierto o secreto, hacía las estructuras de poder que nos rodean.

Lamentablemente, los gays representados en narrativas televisas positivas quedan alterados drásticamente en todos sus aspectos. En una frase, son muñecos de la especie más grotesca. La esencia de lo positivo de los gays es que son mascotas de mujeres, buenos para ir de compras y chismear acerca de los personajes más importantes. Específicamente: en sus hábitos, son afeminados y indefensos, aunque parecen hombres superficialmente y hablan con la voz grave y tienen músculos y son delgados y nunca gordos. En sus actitudes hacia la sociedad, son siempre sumisos y nunca enfadados con sus posiciones sociales inferiores – otra cosa que vale mencionar es que usualmente son de la clase media-media/alta, blancos, y bien vestidos. En sus deseos, siempre quieren lo que cada “buena mujer” quiere: un  esposo (que también parece hetero pero y carente de deseo sexual) que se casa con él y la vida “normal y estándar” con hijos y casa grande etcétera.  Desterrada y exiliada queda la representación del homosexual con deseos sexuales y usos diferentes de los roles de género que no sean conformes con lo normativo. Es la tiranía de las audiencias.

La meta y resultado de todo este proceso de fabricación, es crear una variedad de homosexual que será respetable en los ojos de los heterosexuales más conservadores de los EEUU. El acto de dirigir y difundir las imágenes “positivas” tiene menos que ver con promover la confianza en sí necesaria para los homosexuales menores, y representar de una manera realista las personas, sino tiene más que ver con alterar la idea de ser homosexual hasta que sea conforme con los conceptos moralistas de unos grupos dominantes del país.

El Grito

La alteración de la imagen de lo gay por esta causa me parece algo detestable. No reconozco a mis amigos ni a yo mismo en las representaciones difundidas en los medios. Los homosexuales como cuasi-heterosexuales (del tipo más aburrido y conservador) es casi tan horrendo como la representación de homosexuales como asesinos en serial, pedófilos, drogadictos, fuentes de enfermedades, y lo demás de estereotipos peyorativos.

El error de la estrategia norteamericana se radica en alterar lo gay hasta que sea (parcialmente, posiblemente, tenuemente) conforme con el juzgo conservador, pues supone implícitamente que lo diferente nunca puede merecer el mismo nivel de respeto ni derechos que lo establecido, lo conservador y lo “normal”. Debemos cambiarnos para que los adventistas del séptimo día, los mormones, la iglesia católica, etcétera, nos acepten. Gracias pero no me interesa intercambiar la autonomía por unos mendrugos de tolerancia. No me atrevo a llamarlo respeto.

El argumento actual de los medios norteamericanos pro-gays de hecho es otro tipo de opresión, es la opresión interna dirigida hacia nosotros mismos, urgiéndonos a adoptar los grilletes de nuestros enemigos. Adoptar los usos de los conservadores nos generará los derechos. No – los derechos no surgen de tener una hipoteca y cuatro hijos y matarnos con el tedio tradicional. Tengo otro argumento mejor: lo razonable y justo en pro de los derechos gays se basa en el hecho de que los homosexuales son seres humanos de carne y hueso con pensamientos, aspiraciones, talentos y aportes iguales a los heteros más heteros – y cuyo valor moral no se basa en sus niveles de conformidad con la gama artificial de posturas normativas heterosexuales.